Si la libertad significa algo, es sobretodo el derecho a decirle a la
gente lo que no quiere oír (en este caso concreto “ver”).
La libertad de expresión es un Derecho que recoge la Declaración
Universal de los Derechos Humanos en su artículo 19º y en la
Constitución española en su artículo 20º, lógicamente D. Íñigo de la
Serna por el cargo que ocupa tiene que tenerlos totalmente asumidos.
Volviendo a la cita anteriormente mencionada a D. Íñigo de la Serna y
concejales varios, les molesta que vecinos de Mendicouague tengan el
derecho de expresar, con plena libertad, su discrepancia con ellos.
Una tras otra, van siendo varias veces que al Colectivo de Vecinos les
coartan esa libertad de expresión y como diría alguno “ya va
oliendo”.
La última, que a maese. Íñigo no le ha gustado, que vecinos del
Parque le hayan recordado sus desacuerdos trasmitiéndoselo en la
decoración navideña del mismo y que consistía en lo que para muchas
familias de esta ciudad simboliza su gestión vecinal, “UN NEGRO Y
CACIQUIL CALVARIO Y UNA CAJITA DE SORPRESAS”.
Lo curioso es que el Parque de Mendicouague lleva abandonado bastantes
meses, no solo las costosas (económicamente) maquinitas lo dejaron
destrozado y embarrado, sino que no ha habido ninguna instrucción por
parte de este Ayuntamiento a sus brigadas de “Parques (¡si!) y
Jardines (¡no!)” para que realicen su limpieza interior y su siega,
deduciendo de todo ello que siempre le ha importado, le importa y le
importará un pimiento la opinión de los ciudadanos de Santander, la de
los vecinos de este entorno, así como el propio Parque de
Mendicouague.
También es curioso que ninguna de las directivas que tanto les gustaba
hablar y hablar (algunos hasta en el Parlamento) hagan mutis por el
foro y no se quejen a “zu zeñorito” del lamentable estado en que se
encuentra, a no ser que ni siquiera se hayan dado cuenta.
Pero en cambio la transformación del Parque de Mendicouague con esas
pinceladas -luto navideñas- ha sido motivo de poner en píe
apresuradamente a esa brigadas.
Primero con un encuentro cuerpo a tronco despojando de sus ramas los
objetos provocadores para recurrir, en un segundo lugar a las
escaleras y así poder ejecutar con mayor eficacia la encomendada
labor.
Y continuando con el tono burlón, deduzco que pueden ser varios los
motivos que le hayan llevado a coger esta nueva pataleta.
Que no se haya contado con su presencia (o al menos su permiso)para
la decoración del Parque, ni con las directivas de esas “Desuniones de
Vecinos”, o que este Parque enlutado le traerá “negros” recuerdos en
las próximas elecciones.
Pero de momento, maese Íñigo sigue en sus trece, haciendo oídos sordos
a una vecindad y a parte de la ciudadanía que le sentó en su sillón de
barro, faltándoles el respeto día tras día con sus caciquiles
actuaciones.
La bandera ondea al viento, el Parque de Mendicouague ya está limpio
de insurgencias y vigilado por agentes de paisano, de nuevo la ciudad
vuelve a estar ordenada.
Una noche más maese Íñigo, durmió tranquilo y es que el día que el
lobo se empeña en tener razón……… pobres corderos.
Jomateix